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martes 25 de marzo de 2008

Pasajera en tránsito

Era un medio día como cualquier otro, sólo que esta vez no tenía monedas para el colectivo. Recorrió toda la facultad pidiendo cambio de dos pesos, pero parecía que ya no quedaban más monedas en circulación. Maldijo a todos y cada uno de los que sin miedo a quedar como mentirosos le contestaron con un "disculpá, no tengo más monedas". Si hubiese sabido lo que estaba por venir, probablemente les hubiera agradecido tanta hipocresía desinteresada.

Ya media hora tarde, se tomó el colectivo hasta retiro como de costumbre. Pagó el boleto y se dirigió hasta el fondo del pasillo. Siempre se dirigía al fondo para no molestar a quienes bajan. Auriculares en las orejas, él estaba en su mundo, nada parecía penetrar esa barrera invisible. Desde allí todo le parecía borroso.

Simplemente cosas en el camino, parte del paisaje, un todo indistinguible. Todo menos ella.

Una vez en Retiro, el cartel anunciaba el próximo tren para dentro de 20 minutos, lo que le daba veinte minutos más para seguir soportando el calor sofocante, de pié, junto a cientos de personas en la misma situación. Luego del colectivo la había perdido de vista, pero de pronto ahí estaba. En la fila siguiente a la que él se encontraba. Inmediatamente lo invadió una sensación de esperanza y frustración. Estaba ahí, parecía que el destino le había dado una segunda oportunidad. Pero no había forma de acercarse sin quedar terriblemente estúpido. Tan cerca pero tan lejos!

Las puertas se abrieron, y la gente comenzó a entrar al vagón. Se sentó, y se dispuso a leer mientras los demás asientos se iban ocupando uno por uno. El tren arrancó y él siguió leyendo hasta que levantó la mirada por primera y última vez antes de guardar el libro.

Ahí estaba ella, sentada frente a él. Y consigo, su oportunidad. Vestía una remera roja, jeans, zapatillas, y unas medias de colores violetas y azules. Tuvo que esforzarse para ver qué tenía puesto, como alguien que quiere ver un punto en un foco de luz. Sencillamente le costaba no mirarla a los ojos. Tan pequeños como místicos. Eran celestes, parecían brillar por si solos. La miró y se dijo para sí que estaba llorando, no podían ser tan lindos así porque sí, pensó erradamente. Habia vida en esa mirada. Sus pestañas, que parecían abanicar cada vez que los cerraba, liberaban a aquél que se hubiera perdido en ella. Se cruzó de piernas, y sacó de su morral un libro un tanto amarillo, añejo. "Qué lindo olor tienen los libros viejos", pensó con ganas de olerlo. Ella comenzó a leer, y él se sintió libre de observarla más detenidamente. Tenía una boca peligrosamente sensual, labios gruesos y con una forma un tanto particular, curvos como caligrafía antigua. Las hojas del libro parecían sanar a medida que sus manos, que vestían unos anillos de plata y un esmalte traslúcido, las pasaban de un lado a otro mientras avanzaba en la lectura.

"Es hermosa", pensó. Se la imaginó riendo, y por un instante se creyó con poderes telepáticos. Fue entonces cuando sonrió. Por un momento, casi imperceptible. Seguramente nadie lo había notado, nadie menos él, que no podía sacar la vista de ella por más que lo intentara. De todos modos no pensaba hacer tal cosa, no sabía cuándo, si alguna vez, volvería a tener una posibilidad como esta.

Se prometió a sí mismo no dejarla pasar. Todo se había dado tal cual el hubiera querido pero jamás se hubiese atrevido a pedir, por miedo a encontrarse en una situación como en la que estaba, en la que uno es su peor enemigo. Sabía que tenía que hacer algo. Pero, ¿hablarle? ¿Qué le diría? ¿Cómo decirle a una persona que es hermosa sin que parezca que uno lo dice por decir? ¿Cómo hacerle saber que realmente lo piensa? ¿Como acercarse sin quedar como un completo idiota? Maldijo a todos los imbéciles que alguna vez le dijeron eso a una mujer sin realmente sentirlo, por culpa de ellos ser sincero en esta situación no servia de nada. - A veces es más complicado de lo que parece- , se dijo.

Entonces la vio arremangarse los jeans. "Si querés te presto mis bermudas", pensó. Pensó y casi se lo dice, pero estaba siendo demasiado racional. Debió permitirse ser impulsivo, pero tenía mucho que perder y eso lo calló. Se maldijo por dentro, los nervios le nublaban el pensamiento. Se maldijo por haber dejado pasar la que pensó sería su única oportunidad. Frustrado, cansado, muerto de calor, veía las estaciones pasar más rápido que de costumbre, pero estaba decidido a no perder el tren. No esta vez. Fue entonces cuando sacó una hoja, y se dispuso a escribir una pequeña nota.

Próxima su estación, se lo dio y le pidió un favor. Ella lo miró y le dijo que si, que lo haría. Fue entonces cuando se bajó del tren, sonrió, y sin voltear siguió su camino a la salida. Por más que no sabía si la volvería a ver, estaba feliz. Él había jugado sus cartas, ahora dependía de ella.

8 Comentarios:

CecydeCecy dijo...

Por un momento me acorde de una pelicula que se llama "enamorandose" o algo así que trabaja Robert De Niro y Meryl Streep, que se conocen en un tren.

CANDELA dijo...

me dejo con intriga y con un WOW entre labios.
sabes qe cuando escribis cosas asi "sentimentales" sorprendes a tus lectores frecuentes.
por mas intriga que deje, esta bueno el final abierto.

beso nico. que estes bien

Agus dijo...

qué tierno el relato! =)

Nikolina dijo...

te paso a vos? mmm...

-soy lo que siento- dijo...

fantastico!!!!toda la descripción hermosa, pero el final...que en realidad puede ser un comienzo de algo me mato!...juro no pense que me encontraria con lo de el papelito!!!(asi le digo),porque no sabes como me encantaria y de verdad lo digo,me gustaria que me psará...que alguien me diera un papelito como aquel, porque sin dudas lo que estaba escrito en él debió ser¡¡¡fantastico!!!!!

Leo2377 dijo...

Excelente!
Me pasaron cosas así muchas veces, y a todos seguramente...
Nunca me animé a avanzar en un colectivo o simil, siempre racionalizé demasiado, y las chicas en algún momento se bajaron...

Repito, me gustó mucho.
abrazo

L! dijo...

ES HERMOSO LO QUE ESCRIBISTE!... es lindo saber que hay gente dulce como vos! espero que sea el comienzo de algo! saludos

Ferra dijo...

L!: Es hermoso lo que escribiste! es lindo saber que hay gente dulce como vos! :)