Si hay algo molesto de cursar a la mañana es, bah pera pera, cualquiera. Vamos devuelta. Hay demasiadas cosas que son un garrón de cursar a la mañana... más si tenés una hora de viaje, lo que implica levantarse más temprano todavía. Madrugar ya de por si es un garrón... Te acostas a las 2 de la mañana, a la una...a las 12 si sos muy crack, y al día siguiente te levantas rotísimo, yo personalmente no me puedo mover...es como si todas las células del cuerpo dijeran “no flaco para que no pude pegar un ojo en toda la noche, no jodas quedate un ratito más dale” mientras tiran para abajo. “¿Qué? ¿Ya es hora? A mí me están cagando, si me acosté hace dos minutos” Haces un esfuerzo y miras el despertador “que se yo, en una de esas ayer vi cualquier cosa, lo puse mal, y todavía me queda 1 hora de sueño”...pero nunca te confundís, es tu instinto de supervivencia que te provoca falsas esperanzas. “¡¡¿¿Ya las 6:30??!! ¡Pero la re p#@ que lo parió!” diría uno si tuviese las fuerzas necesarias. No te podrás mover, pero nunca falta el clásico manotazo al despertador que siempre parece sonar antes de tiempo. Toda la energía que tenes está destinada para ese único propósito. Y esta bien... debe ser certero... no se puede errar... el más mínimo descuido implicaría una desviación en la trayectoria del golpe y concluiría, probablemente, con un moretón en la palma de la mano después de agitarla contra la punta de la mesita de luz, seguido por una oración en memoria de la mamá y todos los familiares de la misma, e, indefectiblemente, con un inevitable despertar, ya que no quedan fuerzas para otro golpe de tal magnitud. Si se tiene suerte y el golpe es certero, uno es recompensado por 10 gloriosos minutos más de sueño, el cerebro libera automáticamente soberana dosis de morfina y uno se hunde en la cama como si no fuese a despertar jamás. Pero si le erraste, ahí te ves. El peor de los garrones, pero ta, arriba se ha dicho.
Entonces tratas de reincorporarte y te quedas sentado en la cama con la peor cara de póquer. Y bueno, te quedas así digamos...unos tres minutos, hasta que te llega nuevamente la sangre al cerebro. “Movete papá que te cagás de frío”,te ordena. Arrastrás los pies hasta el baño y como podes exprimís la pasta de dientes y te llevas el cepillo a la boca. Chucu chucu chucu....se te hace eterno, y pensás por qué no somos como los tiburones que cambian los dientes durante toda la vida; y como no se te ocurre ninguna explicación, maldecís....”porque carajo no nací tiburón”....sep.....si habré pensado eso alguna vez... Escupís, te enjuagás, y derecho a mear, porque es fija que a la mañana se mea...es parte del ritual (Ah y olvidate de ponerle la tapita a la pasta de dientes, eso nunca pasa). Y mientras la sostenes con una mano, estiras la otra y abrís la ducha. Una vez ahí abajo sentís como el agua te pega en los ojos, y de a poco las manchas borrosas van tomando forma a medida que enfocas y empezás a distinguir formas. Un pie... una mano... un jabón... ”ah si soy yo en la ducha” te convencés. Y bueno, finalmente salís, te cambias, si tenes suerte le embocas de una al “derecho” del calzón y metes bien las patas en el pantalón y te sale un verso sin esfuerzo (malísimo).
Café... instantáneo porque estas apuradísimo. ¿Comer? Por favor, seamos realistas, nadie come algo en el desayuno, solo unas pocas excepciones, dentro de las cuales no me incluyo, claro. Te lo tomas de un saque y salís cagando, aunque sin saber bien por qué, sabes que estas llegando tarde y ni superman te puede hacer llegar a tiempo, pero no se... como que te queda la conciencia mas tranquila... Bah, más tranquila mis pelotas, te maldecís por no haberte acostado antes, por esos diez minutos que decidiste quedarte en la cama, por esos tres minutos que te quedaste colgado haciendo nada, por haberte puesto el calzon al revés y hasta por no haberte hecho hipi antes. Maldita sea la rutina.
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martes, 1 de agosto de 2006
El blues de las 6:30 me desespera
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4 comentarios:
bueno nico, siendo las 2:20 de un lunes y chateando con vos, seguramente los unicos pelotudos y parasitos tan al pedo un dia de semana tan tarde, te digo que te entiendo, pero yo me pongo a ver mi vida, y es perfectamente entendible que nos pase esto, si no tengo disciplina en nada, la voy a tener al levantarme? obviamente que no, ENCIMA levantarme, que me cuesta horrores, siempre me pone de mal humor levantarme, igual un consejo, prueben poner musica clasica en el despertador, eso ayuda.
noooo!!!!jaja no puede ser tan real!jajaja! copadisimo nicooo! besosss!!cuando actualices de nuevo vuelvo y firmo.... previa firma tuya en mi fotlog eso ni se dice... "qué hermosa hueva!!!"
Ja Nico no tenía tanto tu faceta artística de narrar las realidades cotidianas jaja, una masa los textos!
Muy buenos, te felicito pibe!
Escribí sobre anécdotas graciosas del colegio. para el recuerdo.jaja
Como cuando entraron con Tute y se lloraban de risa mirando a ese sujeto extraño , Marenco jajaja
o como cuando discutías con Vilasetrú q te echó de la clase jaja
o de tus peleas con gugi y mientras Fafa detrás riéndose con corte tacita diciéndoles ahhhh Tonto y rechoncho! jaja
de los almuerzos en lo de Hugo..
etc..
Hay mucho!
Mmm... Acá “La Masa” (aunque mamucha me puso Carla) de nuevo... Si, si, sábado, 9 a.m., inocentemente se abrió (si, se abrió, no lo abrí yo) mi ojo derecho (¿o habrá sido el izquierdo?)... En fin, no hubo vuelta atrás... Un rayo de luz, se clavó impunemente en esa pupila que estaba al descubierto. Me TUVE que levantar... Me acordé de esta página apta para cagarse un rato de risa, y bueno, leyendo, las horas van pasando, y mate mediante las ideas van aflorando... Por ello, resulta impensable y hasta grotesco (faaa!!!), no comentar / firmar / ”bloggear” (neologismo utilizado sólo con la intención de hacerme la top), en fin, como podrás apreciar, estoy al gas...
Mi blues, comienza a las 5:30 a.m., horario en que suena la canción de Los Simuladores en mi celular... La costumbre logró, que incluso estando profundamente dormida, sea capaz de apagarlo con sólo abrir y cerrar la tapa del aparatito endemoniado... Para acto seguido, continuar disfrutando de los placeres oníricos, léase: durmiendo... PERO NO! Mi madre lo escuchó también (creo fehacientemente, que tiene un sentido del oído superdotado, y esa particular característica en una madre, es por demás peligrosa, aunque esa, sería otra historia), y ahí comienza el despliegue de gritos, alaridos, y otras vociferaciones de mi nombre, en diferentes tonos, recordándome que tengo que ir a laburar... Bueno, nobleza obliga a hacer la aclaración “LABURAR” (no hay mayúsculas para mis comillas mayúsculas ja!)...
Una mañana femenina, mi queridísimo amigo, difiere diametralmente de una mañana masculina, y paso a explicarte el por qué de esta afirmación. Estamos en las mismas condiciones en la dificultad para salir del catre / sobre / sommier / camucha (para los que le tienen más cariño) / sofá – cama / aposentos, en la trasportación hacia el baño, para acto seguido eliminar fluidos (o sólidos ja!), lavarse los dientes, ducharse, y hacer todo lo que hagas en el baño... La cosa cambia radicalmente post ducha...
Al menos en mi caso, jamás de los jamases, preparo la ropa de antemano, la noche anterior. Es por esto, que estoy un buen rato viendo qué carajo me pongo, y el tiempo es inversamente proporcional a la capacidad visual que tengo a esas horas. No podés ir todos los días con lo mismo (las otras oficinistas suelen ser muuuuuy yeguas en cuanto a ello, y puedo afirmar con conocimiento de causa, que las estatales son muchísimo peores), tenés que combinar los colores, ni hablar de la cartera con los zapatos (el tema del cambio de cartera, merece un blog aparte)... Ni hablar si te olvidaste de planchar el pantalón de vestir (pobre lora, las cosas que digo de su pocholita en esos momentos), la plancha que no se calienta más, la raya de mierda que le tenés que hacer en el medio jamás queda derecha...
Una vez elegido el atuendo, pasamos al pelo. UFF! El pelo... Se empieza a secar, y vas notando cómo te vas pareciendo a la Mona Giménez (en sus peores épocas). Reputeando, enchufás el secador de pelo y la planchita (en tomas diferentes, para ahorrar tiempo), prendés un pucho, vas preparando el mate mientras pensás por qué la pava tarda tanto en comenzar a “chiflar”, una vez q está listo el agua, te tomás dos mates, sin tener el atrevimiento de tomar un tercero, porque en caso de hacerlo, olvidate de plancharte el pelo (al menos el flequillo). Nada de make – up, ya no hay tiempo, con suerte, y si el capo llega tarde, te maquillás en la oficina. Apurada, te quemás la frente con la GA.MA que está a 54687486541656485º Celsius, y va apareciendo la marquita, la tapás con el flequillo, y listo. A la calle.
Una vez sobre la acera, a eso de las 7 a.m., te cerciorás en qué condiciones estás, de acuerdo a los elogios o vituperaciones que emanen de la boca de los diferentes transportistas o albañiles que se encuentren en las inmediaciones.
Empezás a caminar, creo que es inercia, hacia la parada. Es el día de hoy, que le agradezco a la gentil alma que se apiadó de los habitantes de zona sur, y creó el servicio de combis / charters / transportes “saca gente del campo”. Tomo la de 7:15 (cuando no la pierdo), saludo al chofer que siempre suele ser el mismo, voy pasando pidiendo disculpas a los que golpeo con la cartera, y cuando hallo un asiento vacío me siento. Saco el libro de turno, busco con una estudiada parsimonia la última hoja leída, pero a pesar de mi iniciativa, no logro evitar quedarme dormida. Me despierto abruptamente (por segunda vez en menos de tres horas) cuando el chofi (si, si, ya le tenemos cariño a estas alturas), avisa que el Obelisco se aproxima. Me acerco, “en Diagonal, por favor”, le pago, y bajo, siempre tratando de no hacer papelones en mi andar con tacos. Después del raid de atravesar la 9 de Julio, me dirijo a la parada del 29 que, fortuitamente, siempre va vacío. Repito la operación del libro, pero no, es imposible. Palmo nuevamente. Una hora más tarde, mi reloj interno me vuelve a despertar abruptamente. Ya llegamos. Estoy en Núñez (siempre que no me paso y termino en Olivos, pero esa es otra historia).
Entro al honorable establecimiento estatal (ja!) en el que desempeño mis funciones, saludando a los de la guardia con un “Muy buenos días” exagerado y una sonrisa trucha, ficho, espero el ascensor, riéndome de mi vagancia, al no subir por escaleras dos pisos (sólo me río, el uso del ascensor jamás estuvo en duda). Entro a la oficina, después de atravesar kilómetros y kilómetros de pasillos simil – hospitalarios, saludo a mi compañera, me preparo unos mates, voy a ver al del buffet, para reunir provisiones para toda la jornada, y así van pasando las ocho horas interminables de mi “secretariado”. Un siglo más tarde, ya son las 17:00 horas. BINGO! Intento huir despavorida, pero siempre al gerente general, se le ocurre que necesita algo más, justo cuando me ve con la cartera puesta. Regreso (puteando internamente). Round 2, vuelvo a agarrar la cartera, pero esta vez, salgo con mayor celeridad. EUREKA! Estoy afuera.
Ahora sí, estás jugada. Se viene el intento de huir de Capital, en horario pico, sin perder un zapato, sin que te corten la cartera, sin que te aplasten en el tren. Porque, claro, a la vuelta, ya me pongo en “gasolera mode” y vuelvo en tren. El Mitre, un lujo, aire acondicionado, todos los chiches. Pero después viene Retiro. Mamááá!!! “La Razón a voluntad!!!” se escucha, ¿a voluntad de qué?, me pregunto, ¿tendrán, acaso, la voluntad de dármelo? NO. Ilusos! Creen que voy a largar las monedas que tanto cuesta conseguir, para las boleterías de pago exacto. El subte, gran lata de sardinas y el vendedor de las Guías T al que le importa muy poco que el subte esté lleno... Constitución, también conocida como Constipación. Gran estreñimiento de almas desahuciadas, que se quieren meter en el tren a toda costa, aunque no haya más lugar. Y empujan, y empujan, y empujan, hasta que no empujan más, porque el maquinista se hinchó las pelotas y cerró las puertas. Y cuando arranca, es otro cantar. Otra vez a controlar que no se te escape un zapato, verificar constantemente no tener ningún ganso apoyado en tu traste, ninguna mano exploradora. Casi una hora más tarde, aparece el solemne cartel que reza “Luis Guillón”. Si, señoras y señores, es mi estación. Acto seguido, CÓMO MIERDA BAJO??? A los empujones limpios, te abrís camino y salís. Siii!!! Ya no más aire enviciado con olores a chivo, pedos, transpiración o simplemente a sucio. Comenzás a caminar, esas seis cuadritas que te separan de tu hogar.
Llegás, saludás a todos en perfecto silencio. Después del trajín, la cosa que menos querés hacer es hablar. Sale matecito. Cenás. Te conectás un rato, ¿por qué no? De repente, son las 23.00. EPA! Tan rápido se me fue el día? Las horas siguen pasando, vas haciendo cálculos de las futuras horas de sueño que tendrás acorde a la hora en que te acuestes, y cuando finalmente lo hacés, caés nuevamente en los dulces sueños, qué placer!!!
De repente, suena el soundtrack de Los Simuladores, y pensás “OTRA VEZ???” Si, si, otra vez... A new day has come. Rayos y centellas, caspitas recórcholis, santas cachuchas (Batman), pamplinas... Te volvés a autoputear por no tener conducta y disciplina para dormir las horas necesarias, pero ya está... Arriba. Y a cantar el fatídico blues de las 5.30 de nuevo...
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