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sábado 12 de abril de 2008

yuppie!

Es un día cualquiera para Juan. Se levanta a las 8 de la mañana, se lava los dientes, bosteza mientras se calza las medias, va a la cocina y se prepara un café, todavía en calzones, recién salido de la cama de su loft en el barrio de Belgrano, que compró hace poco luego de que lo ascendieran en su laburo. Abre el placard y saca su ropa de todos los días. Se viste una camisa, blanca, se abrocha los puños, se pone su traje de Etiqueta Negra mientras se mira al espejo y levanta levemente el mentón mientras se hace el nudo de la corbata. Zapatos recién lustrados, y de ahí al baño, se afeita, un poco de perfume y le sonríe al espejo, sabe que va a ser un gran día. Se toma el café a las apuradas y sale para el laburo en el Audi que compró con su abultado sueldo.

Llega, pasa la tarjeta magnética y se toma el ascensor hasta el piso 25. Saluda a su jefe y entra a su oficina con vista al río en el Alem Plaza. Se sienta en su sillón de cuero y contempla la vista por un rato. Juan es un tipo exitoso, carismático, tiene todo lo que uno quisiera tener. Para él, solo lo mejor de lo mejor. Llama a su secretaria, y le pide que le traiga unos resúmenes; ésta entra a la oficina. Una morocha de esas que uno no presentaría a su familia. Vestía una minifalda, medias negras, pelo lacio y atado con uno de esos palitos chinos. Le deja los resúmenes en la mesa, y aprovecha para coquetear con él.

Se toma un tiempo para llamar mediante el interno a sus compañeros de laburo y, entre risas, arregla como todos los martes para arrancar a las siete, a la salida, en uno de esos pubs irlandeses de la calle Reconquista. De esos donde pululan extranjeros y acostumbran aquellos que, como Juan, lo tienen todo. Porque realmente lo tenía todo.

Una vez ahí, charla con sus compañeros sobre temas de laburo mientras toman unas cervezas. Del laburo a las minas. De las minas al sexo, y del sexo a la fiesta. Dos pintas para arrancar con vodka y speed. El tiempo pasa, y la barra va desapareciendo debajo de vasos vacíos. De ahí al after-office. Champagne y, por que no, una que otra pasti. Música, fiesta, ¿mujeres? las tenía todas. Ya no baila, pero se balancea con una mina bajo un brazo y un vaso en el otro por todo el boliche. Desalineado. Corbata desajustada, ya ni sabe donde dejó el traje, los puños sucios de fiesta, y los ojos rojos de la emoción.

Se hace la una, y sus compañeros hace rato se fueron, mañana se labura. Ya con poca gente en el boliche, agarra una mina y se la lleva al loft. Una, dos líneas y la música al palo es todo lo que se necesita para pasar una noche inolvidable, como cualquier otra. Tienen sexo, y la mina se las toma. Juan queda solo. Va al baño, se siente mal. Se mira al espejo y vomita de felicidad. Las ojeras lo dicen todo. Se toca la cara con una mano mientras sus ojos se pierden en el infinito del espejo. Con la otra toca su reflejo en el cristal y ve como una lágrima se forma en su ojo y cae por su mejilla. No entiende bien por qué, no puede pensar con claridad. Abatido, se deja caer en la cama, todavía vestido, mirando al techo con los ojos todavía perdidos, haciendo foco más allá de él. Mañana es miércoles, y el reloj marca las 6am. Juan sí que lo tiene todo.

3 Comentarios:

Celes dijo...

Y el dinero no es todo en la vida

Por eso yo soy pobre (?)

Agustina dijo...

Decile a Juan que de tenerlo todo va a pasar a no tener nada porque la metilendioximetanfetamina mezclada con alcohol puede llegar a ser letal. De veras.

ine dijo...

Qué severo ataque a la moral.